La contraofensiva imperial, América Latina y el ALCA
Por James Petras

 
 

La contraofensiva imperial es mundial. En la jerarquía de las regiones por reconquistar, América Latina se destaca en segundo lugar, después del Oriente Próximo. Es la región que ha facilitado a EE.UU. sus únicas balanzas de pago favorables. Sus clases gobernantes y afluentes han extraído cientos de miles de millones de dólares en transferencias ilegales a los bancos de EE.UU., y durante la última década la economía estadounidense ha recibido casi un millón de millones de dólares en beneficios, pagos de intereses, royalties, y otras transferencias. Los regímenes clientes en América Latina siguen usualmente de manera servil las posiciones de EE.UU. en los foros internacionales y proporcionan fuerzas militares nominales para sus excursiones intervencionistas, suministrando así una hoja de parra para lo que en realidad son acciones unilaterales.

Washington identificó como grupos terroristas a los movimientos de guerrilla colombianos, basados en el campesinado (FARC/ELN), el desafío más poderoso contra su dominación en el hemisferio. Con su control o influencia sobre más de un 50 por ciento de las municipalidades del país a mediados de los años 90, el avance de las FARC y el ELN junto con la política extranjera independiente del régimen de Chávez en Venezuela, y el gobierno revolucionario en Cuba, representan un polo alternativo a los serviles presidentes peones del continente que sirven al imperio.

Comenzando a fines de la presidencia de Clinton, y crecientemente durante la administración Bush, EE.UU. declaró la guerra total a la insurgencia popular. El Plan Colombia y más tarde la Iniciativa Andina, fueron esencialmente estrategias de guerra que precedieron a la guerra afgana, pero que sirvieron para enfatizar la nueva contraofensiva imperial. Washington destinó 1.500 millones de dólares en ayuda militar a los militares colombianos y a sus suplentes paramilitares. Cientos de miembros de las Fuerzas Especiales fueron enviados a dirigir las operaciones en el terreno. Pilotos mercenarios estadounidenses, de firmas privadas, fueron subcontratados para participar en la guerra química en los campos de cultivo de coca de Colombia. Las fuerzas paramilitares se multiplicaron bajo la protección y la promoción del comando militar. El espacio aéreo, la costa marítima y los estuarios fluviales, fueron colonizados por las fuerzas armadas de EE.UU. Se establecieron bases militares en El Salvador, Ecuador y Perú para dar apoyo logístico. Funcionarios de EE.UU. establecieron una presencia operativa directa en el Ministerio de Defensa en Bogotá.

La contraofensiva mundial del 7 de octubre profundizó el proceso de militarización en Colombia. Bajo la dirección de EE.UU. la fuerza aérea colombiana viola el espacio aéreo sobre la zona desmilitarizada donde las FARC negocian con el régimen Pastrana. Las incursiones ilegales a través de la frontera de la zona han causado conflictos. La identificación de las FARC y del ELN como "terroristas" por el Departamento de Estado, los pone en la lista de objetivos que han de ser atacados por la maquinaria bélica de EE.UU. Bajo la doctrina Bush-Rumsfeld, la mitad de Colombia es un refugio de terroristas y está por lo tanto expuesta a la guerra total.

La fiebre de la guerra total llevó al Departamento de Estado a enviar una delegación oficial a Venezuela para coaccionar al gobierno de Chávez para que apoye la ofensiva imperial. Según funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, cuando Chávez condenó el terrorismo y la guerra de EE.UU., el Departamento de Estado amenazó al gobierno con represalias en la mejor tradición de los capos de la mafia.

La dimensión fundamental del proyecto de construcción del imperio de Washington en América Latina es el propuesto Acuerdo de Libre Comercio de las Américas. Esta proposición dará a las CMNs y a los bancos estadounidenses un acceso incontrolado a los mercados, las materias primas y a la mano de obra, mientras limita la penetración europea y japonesa y protege los mercados de EE.UU. Este sistema imperialista neomercantilista es otra iniciativa unilateral, tomada de acuerdo con los regímenes satélites de la región, sin ninguna consulta popular. Considerando los altos niveles de descontento en la región, bajo los regímenes neoliberales, la imposición del imperialismo neomercantilista, llevará probablemente a condiciones sociales explosivas y a la reemergencia de alternativas nacionalistas y socialistas. La doctrina militar anti-terrorista de Washington, con sus amenazas de intervenciones violentas y su presencia militar activa y directa, sirve de arma ideológica útil para imponer el imperio neomercantilista.

América Latina está actualmente colonizada a medias: sus banqueros, políticos, generales, y la mayor parte de sus obispos, apoyan y favorecen al Imperio. Desean una mayor "integración." La otra mitad de América Latina, la vasta mayoría de sus obreros, campesinos, indios, empleados públicos de la baja clase media, y sobre todo sus decenas de millones de desocupados que son explotados por el imperio, la rechazan y resisten. La contraofensiva imperial está orientada a intervenir a fin de sostener a sus clientes coloniales y a doblegar a la otra mitad de América Latina - la que no tiene propiedades, pero representa los intereses históricos de la región.

Estamos ingresando en un período de aún más guerras, de constantes amenazas militares, de salvajes bombardeos, y de decenas de millones de personas desplazadas. Las zonas de conflictos sociales violentos ya no se limitan al Tercer Mundo, aunque es donde la gente pagará el más alto precio. ¿Será también éste un período de revoluciones - como en el pasado? ¿Puede sostener la economía de EE.UU. una sucesión de guerras, sin socavar sus propios fundamentos? ¿Puede sobrevivir desestabilizando no sólo a sus competidores europeos y japoneses, sino también a sus socios comerciales e inversionistas?

 
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